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La Reina Católica fallecía en Medina del Campo el 26 de Noviembre de 1504, cuando contaba con 54 años y habiendo padecido síntomas febriles permanentes que habrían de terminar en una hidropesía y en una posible endocarditis. Su cuerpo estaba ulcerado y manifestó hasta el final de sus días una marcada sed, lo que sugiere una diabetes. (Toda esta documentación esta recogida por Pedro Mártir de Anglería, desde Medina el 7 de Octubre de 1504).
El padre Pedro el Monje, viejo cronista del siglo XVII, en su Galería de mujeres fuertes, narra así el fin de la gran reina Isabel: “le vino de una úlcera secreta que el trabajo y la agitación del caballo le habían causado en la guerra de Granada. Su valor le causó el mal, su pudor lo mantuvo y, no habiendo querido exponerlo jamás a las manos ni a las miradas de los médicos, murió al fin por su virtud y su gloria”.
Es posible que se tratase de un cáncer de útero “verecundum
ulcus”.
Su cadáver, que no fue embalsamado siguiendo disposiciones, se amortajó con el hábito de San Francisco y tal como se refleja en su testamento, quiso que en prueba de amor su cuerpo fuese sepultado junto con el de su esposo, “porque el ayuntamiento que tuvimos viviendo, y en nuestras ánimas, espero, en la misericordia de Dios a que en el Cielo lo tengan...”
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Testamento
de la Reyna
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... “Por este tiempo enfermó en Medina de el Campo La Reyna Cathólica Doña Isabel y aviniendo entendido que aquella era su última enfermedad, aunque larga, mandó llamar a diferentes religiosos, sujetos todos de grande fama y opinión así en virtudes como en letras. Tuvo noticia la reyna, cómo avía venido por Prior al Monasterio de La Mejorada, el P. Fray Pedro de Vejar de quien tenía buenas noticias y luego lo mandó llamar”.
“Con esto se pasó hasta últimos de noviembre que murió la Reyna, aviéndola asistido fray Pedro hasta que espiró y la dio la Unción”.
El cronista vallisoletano, en nota de recuerdo para la posteridad, pondera el tiempo triste y lluvioso que acompañó durante mes y medio tras la muerte de la Reina Católica en toda la península: “en este tiempo acá que es 16 días del mes de diciembre de 1504, fueron tantas las aguas de noche y de día, que hacía 43 que, de noche o de día no cesó de llover poco o mucho”.
Desde el día que partieron de Medina con el cuerpo de la Reina, en todo el camino, que duró diez y nueve días, no vieron el sol ni aun las estrellas pues llovía de noche y durante el día: en vez de andar por tierra, parecíales que estaban navegando por algún mar. Solamente, dice, descubrían tierra cuando “subíamos por algún monte o collado, pero, en bajando a lo llano, fluctuaban las mulas por las lagunas y no podíamos salir de los pantanos y se quedaban de su voluntad en ellos, por no ir con nosotros...”
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