Cuando Isabel la Católica en 1492 ponía su firma en el decreto de expulsión de los judíos de sus reinos tras largas y concienzudas deliberaciones y consultadas las más altas Instituciones, analizando esta medida de expulsión, no siendo para nada oportuna, aunque si aplaudida por todas la naciones de Europa de las que los Reyes españoles recibieron felicitaciones. En la lucha secular contra el Islam, por la cual se la tilda en algunos escritos de “racista”, queda la visión de la expulsión como una misión militar para la recuperación del Reino moro de Granada, recuperar una tierra que, setecientos cincuenta años antes, había sido conquistada por la fuerza, según los documentos pontificios y en los documentos de la Reina, el propósito de expulsar a los sarracenos del territorio español no obedecía a “racismo” alguno, sino a llevar a cabo “la causa de Dios”. En cuanto al trato y consideración que la Reina Isabel tuvo para los aborígenes de las tierras descubiertas para la Corona de Castilla, fue un trato humano, el don de la fe, la instrucción, el respeto de todos sus derechos, incluso de aquellos que no les reconocían las leyes de la época. Cuando Colón descarga su cargamento de esclavos, la conducta de la Reina queda reflejada en una cláusula del Codicilio al testamento de la soberana por la que manda al Rey y a la Princesa, su hija y a sus sucesores, que ... “non consientan ni den lugar que los Indios vecinos y moradores de las dichas Indias y tierra firme, ganadas por ganar, reciban agravio alguno en sus personas y bienes; mas mando que sean bien e justamente tratados. Y si algún agravio han recibido, lo remedien e provean por manera que no exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concesión nos es inyungido e mandado”. La Reina reiteró en diversas ocasiones a los misiones de las tierras descubiertas por Colón, que procurasen atraer con suavidad y persuasión, con trato amable, ella deseba la conversión de todos pero sin llegar a un fanatismo intransigente. Por el rumor que se extendió por los reinos de la Serranía de Ronda en Málaga, que afirmaba que los Reyes querían forzarlos a todos a hacerse cristianos, se hace pública una real cédula de 27 de enero de 1500, asegurándoles que bajo palabra real “nunca consentirían que ningún moro por fuerza, fuese tomado cristiano”. ESe recoge en el Archivo de Simancas el contenido de dicha cédula. “Doña Isabel por la gracia de Dios Reyna de Castilla, de León, de Aragón, etc.... a vos los Cádiz, alguaciles viejos e buenos hombre moros, nuestros vasallos de las villas e logares de las serranias de Ronda e Marbella e Axarquya e Garbia e a cada uno de vos: Ya sabeys cómo porque al Rey my Señor e a my fue fecha relación que algunos de vos dezian que nuestra voluntad hera de vos faser tornar cristianos por fuerça, vos ovimos enviado una nuestra carta por la qual vos enbiastes a segurar e a certificar cómo nuestra voluntad nunca fue ny es de vos faser tornar cristianos por fuerça; antes siempre avemos tenydo e tenemos voluntad que seays guardados e mantenydos en Justicia y de vos guardar las Capitulaciones que con vosotros mandamos asentar. E agora en respuesta de la nuestra carta vinieron a my Mamad Morabi e Caçin Modaguer llevadores desta, con los quales me escrebistes teniéndome en merced de lo contenydo en la dicha carta del Rey mi Señor e mya e deziendo cómo estays en mucho deseo de guardar en todo nuestro servicio, lo qual yo asy tengo creydo de vos otros que, como buenos y leales vasallos, me serviréis y asy sed ciertos que el Rey my Señor e yo, vos mandamos tener en Justicia e paz e sosiego e sy, “necesario es, de nuevo por esta my carta vos aseguro por my Fe e palabra Real quel Rey my Señor e yo, no consentiremos ny daremos logar que ninguno de vosotros ny vuestras mugeres e fijos e nyetos, sean tornados cristianos por fuerça contra sus voluntades, antes queremos e es nuestra merced que seays e sean guardados e mantenydos en toda justicia como buenos vasallos... Dada en la cibdad de Sevilla a 18 dyas del mes de febrero año del nacimiento de Nuestro Señor Jhesu Christo de myll a quinientos años.- YO LA REYNA. Entre otras recopilaciones de la expulsión de los musulmanes encontramos las descritas por:
TUÑON DE LARA. M. Historia de España. Vol XI. Ed. Labor. DE LA CIERVA, Ricardo. Historia de España, Vol. V. Ed. Planeta. 1979 LAFUENTE, M. Historia de España, T.V. recopilado en Historia General de España. Ed.. Planeta. 1979. GARCIA GARGALLO, Alfonso. Antología de fuentes del Antiguo Derecho. recopilado en Geografía e Historia de España y los Países Hispánicos. Ed. Santillana. 1987
 La entrega de las llaves de la Ciudad de Granada. Francisco Pradilla
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Las rendición de Granada a los Reyes Católicos se hizo en términos teóricos generosos para los musulmanes vencidos, perdón general para todos, respeto a sus casas y costumbres, leyes, religión, idioma y vestimenta, el rey Boadbil recibió un importante señorío en Las Alpujarras, y conservarían su propia administración y la mayoría de los impuestos musulmanes, sin embargo la poca disposición cristiana a cumplirlos lleva a Boadbil y a otros notables a exiliarse en el Magreb en 1493, la imposición de nuevos impuestos a los musulmanes y la conversión forzosa implantada por el cardenal Cisneros provoca la rebelión del Albaicín en 1499 y de las Alpujarras en 1500, que fracasadas, supusieron el fin "legal" de las capitulaciones y la conversión masiva de los mudéjares al cristianismo que pasan a ser llamados moriscos. A continuación, sigue el texto original: Las cosas que, por mandato de los muy altos, poderosos y esclarecidos príncipes el rey y la reina, nuestros señores, fueron establecidas con el Alcaide Bulcacin el Muley, en nombre de Muley Baaudili, rey de Granada, y por virtud de su poder que del dicho rey mostró firmado con su nombre y sellado con su sello, son las siguientes: Primeramente es asentado que el dicho rey de Granada, los alcaldes y alfaquis, alcaides, alguaciles, sabios, mofties, viejos y buenos hombres y comunidad, chicos y grandes de la ciudad de Granada, y del Albaicín y sus arrabales, hayan de entregar y entreguen a sus Altezas o a su mandato, pacíficamente y en concordia realmente y con afecto dentro de sesenta días primeros siempre que se cuenten desde veinte y cinco días del mes de noviembre, que es el día del asiento de la capitulación de estas fortalezas del Alhambra y del Alhaizan, y puertas y torres de la dicha Alhambra y Alhaizan, y las puertas de la dicha ciudad de Albaicín, y sus arrabales, y de las torres de las dichas puertas y las otras puertas de la dicha ciudad, apoderando a sus Altezas o sus capitanes o gentes de cierto mandato en lo alto y bajo de todo ello a toda su libre y entera voluntad. Y que sus altezas manden a sus justicias que no consientan ni den lugar a que ningún cristiano suba al muro que está entre el Alcazaba y el Albaicín para que no vean las casas de los moros, y que si suben, serán castigados. Y así mismo, que dentro de dicho término darán y prestarán a sus Altezas aquella obediencia y fidelidad y harán y cumplirán todo lo que los leales vasallos están obligados a rey y reina y señores naturales. Y que cumpliéndose las cosas susodichas y cada una de ellas según y en la manera que aquí se contienen, que sus Altezas y el señor Príncipe don Juan, su hijo y sus descendientes tomarán y recibirán al dicho rey Muley Baaudili y a los dichos alcaides, etc. machos, hembras y vecinos de la ciudad de Granada y del dicho Albaicín y sus arrabales, villas y lugares de su tierra y de las Alpujarras y de las otras tierras que entran en este asiento y capitulación de cualquier estado o condición que sean por sus vasallos, súbditos y naturales de su amparo, seguro y defensa real y les dejarán y mandarán dejar en sus casas y haciendas bienes muebles y raíces, ahora y en todo tiempo para siempre jamás, sin que les sean tomada cosa alguna de lo suyo, antes serán de sus Altezas y de sus gentes honrados favorecidos, y bien tratados como servidores y vasallos suyos. Por su parte, la entrega de las llaves de la ciudad fue descrita así por Andrés Bernáldez: (...) El rey e la reina, vista la carta e enbaxada del rey Babdili, aderesçaronde ir a tomar el Alhambra; e partieron del real, lunes, dos días de henero, con grand hueste, muy ordenadas sus batallas; e llegando a cerca del Alhambra, salió el rey moro Muley Babdili, acompañado de muchos cavalleros moros, con las llaves en las manos, encima de un cavallo. E quísose apear a besar la mano del rey, e el rey no se lo consentió descavalgar del cavallo ni le quiso dar la mano; e el rey moro le besó en el braço, e le dió las llaves e dixo: - Tomá, señor, las llaves de tu cibdad; que yo e los que estamos dentro somos tuyos.  La Alhambra (Granada)
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E el rey don Fernando recibió las llaves e diólasa la reina, e la reina las dió al príncipe, e el príncipe las dió al conde de Tendilla; el cual, con el duque de Escalona marqués de Villena, e con otros muchos cavalleros, con tres mill de cavallo e dos mill espingarderos, enbió entrar en el Alhambra e se apoderar de ella. (...) E el rey moro Muley Babdili, con los cavalleros mayores de Granada e con otros muchos moros, salieron de la cibdad e se fueron, segund las condiciones del partido; muchos se fueron allende e otros lugares de los moros mudéjares ya ganados. E el rey Muley Babdili se fué a vevir e reinar al Val de Purchena, ques en las tierras que el rey avía ganado cuando ganó a Vera, que era todo de mudéjares, donde el rey le dió señorío e renta en que viniesse e muchos vasallos, e le alçó la prisión que de antes le devía, e le dió sus rehenes, que le tenía desque le soltó sobre rehenes quando fué preso. El rey e la reina e la corte se estovieron en Santa Fee, en la cual todo el tiempo del cerco fabricaron e labraron, e en el real, e a vezes e tiempos en el Alhambra, fasta fin de todo el mes de mayo del año de mill e cuatrocientos e noventa e dos años, e aun parte del mes de junio, que no osaron de allí partir fasta dexar segura la cibdad. En el cual tienpo ovo algunos alborotos en los moros, e les fallaron una mina llena de armas; e le rey puso en la cibdad muchas justicias e alcaldes, e tan buen concierto, que sojudgó muy bien la muchedumbre de los moros que en ella avía, que pasavan de cuarenta mill vezinos. E por los alborotos e desconciertos que algunos moros fizieron mientra la corte allí estovo, que se alborotaron dos o tres vezes, mataron muchos por justicia e cuartearon e despedaçaron otros, en tal manera que los pusieron so el yugo del temor e obidencia que convenía. E sojuzgada en ganada e puesta debaxo del yugo de Castilla la gran cibdad de Granada, el rey e la reina e la corte, en los primeros días de junio, se partieron del Alhambra e vinieron a tener la pascua del Espíritu Santo a Córdova, que fué aquel año a diez días de junio, vitoriosos e bienaventurados con triunfo de onrra e bienaventurança, cuanta la obra lo manifiesta. E así dieron gloriosa fin a su santa e loable conquista, e vieron sus ojos lo que muchos reyes e príncipes desearon ver: un reino de tantas cibdades e villas e de tanta multitud de lugares, situados en tan fortísimas e fragosas tierras, ganado en diez años. ¡ Qué fué esto, sino que Dios lo quiso proveer dello e darlo en sus manos !.
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