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Isabel nunca gozó de buena salud. A
raíz de los acontecimientos familiares sucedidos después de la
conquista de Granada su sanidad comenzó a declinar. Su última marcha
por el territorio español comienza en Sevilla en 1502 y termina en
Medina del campo en noviembre de 1503. El 21-X-1504 Isabel dicta su
testamento. Encarga a su confesor, fray Hernando de Talavera que
investigue en todo el reino, villa por villa, convento por convento
obispado por obispado, si quedan todavía descargos por hacer,
o reclamos por atender. El 26 de noviembre al mediodía y a los
cincuenta y tres años de edad, faltando poco para que cumpliera 30 años
de reinado, entrega su alma Isabel la Católica. Su esposo Fernando dirá
que había cambiado su reino por otro mejor, y el cronista Pedro Mártir
de Anglería decía:
«se me cae la mano de dolor...
exhaló la Reina su espíritu, aquella su alma grande, insigne
excelente en sus obras. El mundo se queda sin la mejor de sus prendas.»
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