Luis Gabriel Portillo, nació el 18 de marzo de 1907, primogénito de 10 hijos de Justino Portillo, médico, y de su esposa Ana María, en Gimealcón, Castilla. En 1909 se establecieron en Madrigal de las Altas Torres.
Profesor en la Universidad de Salamanca, amigo del escritor Unamuno y viceministro socialista de Justicia bajo la República, que huyó de la dictadura de Franco en 1939 para buscar refugio en Gran Bretaña.


 

 

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS y Fotografías que nos envía Ángel Luís Portillo, sobrino de D. Luís, y gran colaborador de esta Web. Aparecen dentro del libro "Luís Gabriel Portillo. Ruiseñor del destierro" publicado en 1989.

ISBN: 84-7658-195-5 / 8476581955

En su etapa de estudiante en Madrigal

 

Estudió en los Salesianos, en Salamanca; luego fue estudiante de derecho en la Universidad. Hizo la tesis doctoral en Madrid, donde conoció a Federico García Lorca.

En 1934 fue nombrado profesor auxiliar de Derecho Civil en Salamanca, siendo rector don Miguel de Unamuno, a quien llegó a conocer y a admirar profundamente. Publicó "Programa de Derecho Civil", para un curso de Derecho de familia y Derecho hereditario.

Cuando estalló la guerra civil se alistó en las Fuerzas Republicanas, como no-combatiente -por miedo a matar a alguno de sus hermanos, cogidos en la zona franquista-: fue instructor político de las tropas; en las que había bastantes analfabetos. En la Batalla del Ebro fue enlace y mensajero; enfermó gravemente del riñón como consecuencia, y, aún afectado, el ministro de Justicia, D. Manuel de Irujo, le hizo miembro de su "equipo" en el Ministerio, donde hicieron lo posible por salvar vidas, no ejerciendo la pena de muerte de la que tan salvaje uso hacía el enemigo.

Luís Portillo en Salamanca

 

Al avanzar el "Movimiento", se trasladó con el Gobierno, primero a Valencia y luego a Barcelona. Finalmente en febrero del 39 hicieron la dura travesía de los Pirineos; iba con un grupo de vascos, facilitando así su ingreso a Francia. Vino a Inglaterra patrocinado por un diputado laborista, el Sr. Brown. Llegó como profesor a una colonia de "niños vascos", la de Lord Farringdon. Cuando varias de estas colonias se cerraron ante la amenaza de la segunda guerra mundial, se trasladó, con siete muchachos restantes, a la colonia de Aston, cerca de Oxford, donde se encontró con una estudiante de español que la frecuentaba, Cora Blyth, con quien se casaría en 1941.

Tras el cierre de Aston, Luís encontró asilo en casa de un catedrático de Oxford que albergaba además a otros dos españoles; el ilustre Dr. Pío del Río Ortega y su buen amigo madrileño, Nicolás. En Cambridge, había otro núcleo de ilustres españoles con quienes se relacionaban singularmente, don Pedro Bosch Gimpera y familia, y el Dr. Trueta.

Los exiliados republicanos recibían 10 chelines semanales de un fondo: trabajaban en lo que se ofreciera, barriendo nieve en invierno, quitando escombros en Londres, etc. Luís encontró trabajo en un cafetillo, pelando patatas once horas diarias. Luego, con un amigo, fue a cavar los cimientos de un aeródromo cerca de Swindon: pero al adelantar la obra, los despidieron como constituyendo un riesgo a la seguridad nacional.

A la fuerza de leer periódicos y escuchar radio, Luís adquirió un conocimiento suficiente del inglés para colocarse en la Agencia de Prensa Reuter con otros españoles. Allí se trabajaba con tal velocidad que se les quitaba la traducción de la máquina a medio hacer, ¡sobre todo tratándose de un discurso de Churchill!.

El autor, Chaves Nogales, vivía en el mismo bloque de pisos que ellos, y Luís contribuyó a su revista Atlanta. Su mujer, Cora, al terminar la carrera, se había colocado en la Censura Postal. Luego se trasladó a un ramo de la BBC, la London Transcription Service, que enviaba material en disco a América Latina.

Después de Reuter, Luís también se colocó en la BBC y empezó una época de gran satisfacción escribiendo un programa diario, "Radio Gaceta", para países de habla española. La sección estaba basada en Aldenham; así la familia se trasladó en 1949 a Stanmore, al norte de Londres. Tenían tres hijos, otro había muerto en 1947, de tosferina. El quinto, y último, nació en 1953: había de llegar a ser diputado, muy joven, y ministro (tercero de Departamento) a los 34 años, en 1987. Luego fue Ministro de Transporte y con frecuencia visita España.

Cuando hicieron cortes en los Servicios Externos de la BBC, Luís perdió su empleo "por no ser súbdito británico" (aunque le habían aconsejado que, para el trabajo que hacía, era mejor no serlo). Se naturalizó pronto después, y disfruta de doble nacionalidad.

Se colocó en el Ministerio de Información, como traductor. Los fines de semana traducía un semanario y una publicación mensual para América Latina del Ministerio de Asuntos Exteriores. Una temporada fue corresponsal en Londres del periódico mexicano Excelsior. Contribuyó con una serie de Cuentos para la radio a América, y tomaba parte en discusiones radiofónicas. Publicó unos artículos y poemas en la revista el Clarín, de la Sociedad española del Colegio de Comercio de Liverpool, donde enseñaba su amigo D. José Picazo. Dio clases de español en el King's College, Universidad de Londres, y alguna conferencia sobre figuras literarias españolas en la City Literary Institute. Fue examinador para el Instituto de Lingüística, preparando exámenes escritos y examinando oralmente para los grados más elevados. Tradujo, con su mujer, dos libros en la serie "Britain in Pictures", de Walter James Turner: Las aldeas inglesas, y Novelistas ingleses (Espasa Calpe, Argentina).

Y durante todo este tiempo, escribía poesías, y un vivido relato en prosa, "La última conferencia de Unamuno" que, maravillosamente traducido al inglés por Ilsa Barea, la esposa austriaca del novelista Arturo Barea, fue publicado en Horizon, y luego fue elegido para la selección de artículos destacados Golden Horizon (Glimpses of Greatness), de Cyril Connolly, 1953.

Tenía casi terminada una biografía de D. Miguel de Unamuno, cuando apareció otra, anticipándosela, y la abandonó.

Fue co-fundador en Londres de Izquierda Republicana, que mantenía estrechos vínculos con los socialistas. Se reunían con regularidad en casa del autor, D. José Antonio Balbontín, y de su mujer María. Todos los años sin falta se ha celebrado el 14 de abril.

El 24 de noviembre de 1972, D. Fernando Valera, desde París, le nombró jefe de la Delegación Diplomática Oficial del Gobierno de la República Española en Inglaterra. Desde París visitaron Londres, Valera mismo, D. Emilio Herrera y su esposa Irene, D. Manuel de Irujo cuya hija Mirentxu vivía casada en Inglaterra.

En 1972 se jubiló del Ministerio de Información, sumándose al crecido número de socios del Club de los Jubilados Españoles en Londres. Desde 1984 vive en el campo, en Chorleywood, Herts; los cuatro hijos, dos de ellos casados, uno con dos hijas, viven bastante cerca.

Retorna a Salamanca dos veces al año, y varios miembros de la numerosa familia española le visitan en su casa.

Allí, en la Plaza y en algunos rincones, puede uno hacerse la ilusión de que el tiempo se ha detenido para siempre. Pero es suyo el amargo dilema del emigrado: España no es como era, sus hijos se criaron como británicos aunque sienten mucho cariño a España y a su familia española. Su hogar ahora está en su pueblo rural entre los campos y bosques de un país lluvioso, templado en todos los sentidos, ajeno aunque querido.

LUÍS PORTILLO

RECUERDOS DEL 36.
La sangre de España
(escrito por su hijo MICHAEL PORTILLO)
The Guardian, 18/10/01

Una exposición en el Museo Imperial de la Guerra de Londres recuerda la contienda civil española con fotografías, carteles, cuadros, ropa y partituras. Pero también con testimonios humanos. Miembros de las Brigadas Internacionales y supervivientes de aquella confrontación que desgarró España, recordaron el horror en la inauguración de la muestra. En esta página se ofrecen dos recuerdos, el de un voluntario y el de una enfermera ingleses. Y un artículo escrito por el dirigente del Partido Conservador inglés Michael Portillo, quien relata cómo se conocieron sus padres: él, español, fue profesor de la Universidad de Salamanca, donde coincidió con Miguel de Unamuno; ella, estudiante de Oxford, era una voluntaria que ayudaba a niños evacuados de España. «Así, la Guerra Civil unió a mis padres», escribe Portillo.


Hace dos años hice una serie radiofónica sobre la Guerra Civil española. Fui a ver a Víctor Alba, un escritor marxista que vivía cerca de Barcelona, para grabar la que probablemente era mi décima entrevista con un veterano de aquella contienda. Para entonces ya se había establecido una pauta. Todos los hombres y mujeres de edad que visité poseían miles de libros, todos ellos sobre política y en todas las lenguas europeas. Sesenta años después del final de la guerra seguían viviendo rodeados de ideas, sostenidos en las penalidades de su vida por su inquebrantable idealismo.

Alba me dijo que en Barcelona, en 1937, los marxistas y los estalinistas ni siquiera fingían estar luchando contra Franco, sino que se enfrentaban entre sí en una sangrienta lucha ideológica por el control de la izquierda. Hubo atrocidades y hambre indescriptibles. Hizo una pausa. «Fue la época mejor de mi vida», dijo. Manifesté mi perplejidad. «Ya ve, éramos muy idealistas. Creíamos que con nuestras ideas podíamos cambiar el mundo. Compadezco a los jóvenes de hoy. No tienen sueños y su mundo es plano».

La exposición del Imperial War Museum sobre la Guerra Civil lleva el acertado subtítulo Sueños y pesadillas. Mi padre, Luis, era un soñador, según su hermano Víctor. Lucharon en bandos opuestos. A los diecisiete años, antes de que comenzara la Guerra Civil, Víctor había estado ya en la cárcel por su activismo político. «Veía que los comunistas estaban haciéndose con el poder en España». A Luis, por otra parte, le entusiasmaba que España fuese una república, demócrata y socialista, y sobre todo que la pena de muerte hubiera sido abolida.

Lucha fratricida

Pero mi padre y Víctor, no obstante, se querían, y la pesadilla más vívida de Luís era que pudiera matar a uno de sus seis hermanos, todos los cuales llevaban el uniforme franquista. De manera que se negó a llevar un fusil. Su hermano menor, Justino, murió en acción de todos modos.

Luís daba clase en la Universidad de Salamanca. Para él era un lugar idílico. Idolatraba al rector, Miguel de Unamuno. Por una cruel ironía, en los primeros días de la guerra esta antigua sede del saber se convirtió en el cuartel general de Franco. Mi padre redactó una descripción del extraordinario enfrentamiento que se produjo cuando el general Millán Astray, veterano tuerto y manco de las guerras del Norte de Africa, asistió a una conferencia de Unamuno. En ella deploraba la rebelión de Franco. El general perdió los estribos y se puso en pie de un salto, prorrumpiendo en un inarticulado grito de frustración: «¡Muera la inteligencia!» La respuesta de Unamuno fue aplastante: «Este es el templo de la inteligencia y yo soy su sumo sacerdote».

Aquélla fue la última conferencia de Unamuno. Murió semanas después, con el corazón destrozado por la implosión de su país y por la muerte, si no de la inteligencia, sí, indudablemente, de la moderación.

Otro de mis entrevistados era una mujer apodada La Dinamitera. Me imaginaba que en tiempos habría sido una mujer muy peligrosa, con una larga lista de matanzas atribuidas a su nombre. Pero en realidad su servicio activo empezó y terminó teniendo ella 17 años. Era costurera y se alistó en el ejército de la República porque proclamaba la igualdad de derechos para las mujeres y las enviaba al frente como prueba de ello.

El dinero era escaso y hacían granadas de mano llenando latas de explosivo. Ocho reclutas formaban una fila con sus bombas caseras en la mano; un oficial recorría la fila encendiendo las mechas, cada una más corta que la anterior para que, en teoría, las granadas explotaran al mismo tiempo.

Ella era la última y su mecha la más corta. Se encendió, pero sin una orden no podía lanzar su lata contra el enemigo. Ella sólo tuvo tiempo para girar sobre sí misma a fin de no herir a su vecina. La bomba explotó prematuramente y le arrancó la mano derecha.

Luis vivió la pesadilla española de mutilación y asesinato; cuando la República fue arrollada pudo escapar por los Pirineos. Llegó a Inglaterra como solicitante de asilo patrocinado por un miembro laborista del Parlamento. Cambió su labor docente en Salamanca por un trabajo de pelar patatas en Londres. Posteriormente se cualificó en el trabajo manual y se dedicó a construir pistas para la RAF. Dejó tras de sí a su familia, su país y su carrera. Y también su lengua, dolorosamente, pues le encantaban la conversación y la esotérica lengua de Cervantes. En la soledad del exilio escribía sonetos. Tal vez lo que más echaba de menos era Salamanca.

Evacuación

Tras el bombardeo de Gernika en 1937, algunos miles de niños fueron evacuados a Gran Bretaña en cargueros británicos. Luis ayudó a cuidar de algunos y allí conoció a otra voluntaria, una estudiante de Oxford llamada Cora. Así, la Guerra Civil española unió a mis padres; algunas de sus cartas de aquella época están en la exposición del Imperial War Museum.

El Gobierno de Franco, como la mayoría de los regímenes represivos, conservó meticulosamente los documentos. El archivo universitario de Luis todavía existe, pero fue clausurado en los años cuarenta con una cartas escritas por el más valiente de sus compañeros y que le «excusaban» de sus aberraciones socialistas: exoneraban a un soñador al que sus altos ideales habían extraviado.

Cerca de la Universidad de Salamanca, a poca distancia del magnífico salón de actos donde Unamuno proclamó la supremacía de la inteligencia, se guarda en perfecto orden un enorme fichero: el archivo de Franco que contiene a todos los comunistas, socialistas, masones y homosexuales. Mi minuciosa búsqueda se vio recompensada cuando me topé con la ficha de Luis, que lo identificaba como un «enemigo del estado».

En sus tiempos de estudiante, paseando por los claustros de Salamanca, tal vez mi padre soñara que algún día encontrara la inmortalidad en los anales de su universidad. Nunca pudo imaginar que la alcanzaría merced a un fichero en el que se le describía como un enemigo del país al que amaba.

Michael Portillo es diputado del Parlamento británico y dirigente del Partido Conservador.


Visitar la página Web de Michael

 

 

PERSONALIDADES QUE POR SU LABOR PROFESIONAL, HUMANA O POLÍTICA HAN SIDO RELEVANTES EN LA HISTORIA MÁS RECIENTE DE MADRIGAL.
Podéis enviar documentación de las personas que consideréis deben estar dentro de este apartado por mail a: webmaster@madrigal-aatt.net