RECORDANDO A DON LUCIO.
Por Manuel Negrete.
Siguiendo el hilo de Ariadna, en este caso, las letras de Julio Garzón, intentaré tejer lo que mis recuerdos guardan en la persona de D. Lucio Garzón. Estos recuerdos en momentos se sentirán acompañados, en la voz oída de mi madre, y otros, en la memoria retenida de tantos madrigaleños que le recuerdan, no como un personaje cualquier en sus vidas, sino como una persona de paz. Al parecer de casta le viene al galgo, su padre de nombre León, hombre de paz. Su hija, la hija de D. Lucio, de nombre tan hermoso como su sonrisa conocida, Paz. Seguro que quiso ésa paz en el nacimiento de su primer hijo Julio. ¿Le pondría ése nombre por el maldito mes del año sin paz? ¿Le pondría ése nombre como recuerdo a la Julieta Shakesperiana, dado su amor a la lectura? Al primer nombre romano, le faltaba el compuesto César, y no dudó en poner ése nombre a su segundo hijo.¿Le pondría ése nombre por nacer César, “melenudo”? Escribía de libertad y que más aire de libertad que nacer con ésa primera Luz. Dos luces en la casa, su hija Luz; y una luz en su vida siempre, una luz, Dª Luz; que en su forma masculina Lucio, siempre el cariño y el amor alumbró sus vidas.
Mi semblanza a D. Lucio, fácil daros cuenta, unas veces recorrerá el camino de la memoria, el camino de las anécdotas, el camino de lo contado y guardado, el camino del recuerdo de un hombre bueno, en el más amplio sentido de la palabra bueno. Así, parafraseando a su admirado Machado y apuntando una frase leída en algún libro: “Los grandes hombres han sido siempre pintados, más que fotografiados”.
Sí, siempre que se acercaba al Turó de la Peira, su visita a casa de mis padres era familiar, más que de cumplidos. Mi madre, Nati, sirvió muchos años en sus casas, bien en Madrigal, La Coruña o en la misma Barcelona cuando el matrimonio Garzón/González, así se lo pedían. No sé quien “inventó” la frase: “Tanto monta, monta tanto”; sí, Dª Luz y D. Lucio, un matrimonio de luz en las sombras de tantos inmigrantes de un tiempo oscuro. Intentaré ceñirme (complicado con tantos recuerdos) a la semblanza biográfica de D. Lucio Garzón.
Las enseñanzas pedagógicas que con tanto amor y libertad aprendieron los jóvenes en los años de la República, se vieron truncadas de la noche a la mañana, con el alzamiento militar y desleal del general Franco. Muchas personas creyeron que una rebelión fascista, era un retroceso general en todo lo que la República se construyó y siguieron fieles y convincentes en sus ideas.
El alzamiento militar trajo los odios rencorosos de unos cuantos y no esperaron cuando, sino que les faltó tiempo para depurar a los demócratas republicanos llamándoles “escoria roja”. Así que, sin esperar un tiempo de orden, el día 3 de Agosto de 1936 se “abrió” la caza del “rojo”, o, la caza del todo aquel que “ ...conmigo o contra mí..”
El año del estadillo sorprendió a D. Lucio en Valladolid como Delegado de Trabajo, sus señas eran claras para los desalmados, como claras lo fueron para sus hermanos Paco y Clemente. Desalmados sin cerebro y armados hasta los dientes.
D. Lucio fue una persona con la bondad dibujada en su cara. Como Delegado del Trabajo, no distinguió nunca entre rojos, azules, ricos o pobres. Siempre -por lo que me han contado y conocido- de la manera más responsable, ética y equilibrada y siempre con el dialogo como enseña. Esta, digamos, forma de actuar, le atrajo amigos en ambos bandos de ésos años perdidos, pero también algún enemigo con deseos de envidia, con deseos de figurar más que de trabajar.

Gracias a algún amigo de derechas en el mismo Madrigal, y gracias sobretodo a su cuñado Paco (su cuñado Paco, otro buen hombre bonachón donde los haya y con un corazón tan grande como él mismo fue) guardia civil, lo “sacaron” a escondidas de Madrigal hasta llegar a Medina del Campo. Sus huellas no estaban borradas y sus pasos perseguidos. Gracias al tiempo en horas, pudieron subirse a ese vagón de la vida. Un cruce de trenes más que de caminos, unos días escondidos y odiseas de negras noches. Después de pasadas muchas luces, llegaron con destino La Coruña
Al poco tiempo, ya con Dª Luz y el inseparable cuñado y hermano Paco (hermano de Dª Luz), emprendió su trabajo de siempre.
Como relataba más arriba, tuvo enemigos azules, pero también un gran amigo azul (¿gracias al trabajo de su cuñado?). Me cuesta poco imaginarme, como se “ganó” al gran amigo azul, con cargo de alto rango, vaya, con cargo de, digamos para actualizar el lenguaje de hoy día, secretario de ministro. Lo cierto es que se ganó, sino su confianza, sí su sinceridad en el trabajo. Resulta que este personaje de derechas, le ayudó en el negocio de pescado, sin dejar de ser Delegado de Trabajo, y junto a su cuñado Paco formaron empresa como mayoristas, aunque era Dª Luz la que figuraba, por razones obvias, como la “empresaria”. Transportaban pescado a los pueblos gallegos y castellanos y hasta Madrigal se llegó el camión con su pesca. De ésta situación bien puede dar detalles Esperanza, hija de Gervasio y Rufina, que ya en aquellos años “tiraba pa lante” como podía la pescadería sita en la calle Empedrada.
El amigo azul, de derechas de toda su vida, no era otro que Enrique Ojeda. Fuere por lazos castellanos, fuere quizá por coincidir en la Universidad de Valladolid y Salamanca, estudios de Derecho, o fuere por el marcado carácter social que tenían los hermanos Ojeda, sobretodo Enrique, lo cierto es que, el paisanaje les “unió” de alguna manera para toda la vida, salvando ideologías. Fue una verdadera amistad en aquellos años y una mano amiga que le ayudó en su caminar y vuelta a empezar en tierras gallegas. Sólo recordar que Enrique Ojeda, era por aquel entonces como uno de los dedos de la mano derecha de José Antonio Girón de Velasco, a la sazón ministro de Trabajo entre 1941 a 1956. Esto es, coincidente en sus primeros años en La Coruña, ecuador del mismo periodo en Bilbao, coincidiendo el final de mandato como ministro de trabajo de Girón de Velasco con la llegada de D. Lucio a Barcelona.
Girón de Velasco, aún residiendo en Valencia, su firma en los convenios iba a misa y no se movía un papel sin su consentimiento en lo relativo a cualquier firma de convenio que tambaleará el “bienestar” de España.
Se ha de tener lo que no enseñan las enciclopedias para lidiar un vitorino o un miura, como José Antonio Girón de Velasco, que si no estrechamente, sí le tocó lidiar en ocasiones en función de Inspector de Trabajo.
D. Lucio tenía, como a bien le gusta recordar a la gente bien agradecida y no, fuerza y comunicación en su palabra dada y, sobretodo, sinceridad y trabajo. Trabajo para muchos y beneficios para otros, esto es lo que le llevó a lidiar ganaderías de convenios colectivos, que si bien en aquellos tiempos eran muy verticales, no menos cierto que las lidias eran de pitones afilados. Quizá ese saber estar frente al problema, lo heredó de su padre León, que aguantaba con temple a los toros como nadie, y la herencia dejada de su madre Dorotea, mujer de intuiciones avanzadas y lista como pocas. Tantas cosas y buenas, tenían que caber “en cabeza de buque”, ¿y quién no tiene un mote en Madrigal de las Altas Torres?
Lo que decía al principio, me distraje en el camino de la memoria querida. Vuelvo o volvamos a La Coruña.
En ése “ajetreo” coruñés, no todo fueron alegrías. Una desgracia en ésa época no rosa, como picassiana manera de escribir, ensombrecieron ésos días. El día apuntaba gris, como cualquier día espeso y frío en la capital gallega. Gris, azul, rojo y negro. Unos colores que llenaron de dolor y tristeza a D. Lucio Garzón Baz y familia.
D. Lucio y su hermano Clemente (abro un paréntesis como recordatorio y refrescar la memoria que, Clemente Garzón Baz fue alcalde republicano en Madrigal de las Altas Torres en el periodo 5-6-1931 a 10-10-1931 según actas guardadas. Lo de ser alcalde es lo de menos, lo de tildarle de “rojo” y más disparates es lo grave. Cierro paréntesis) amanecieron con el color gris del día, paseaban y conjugaban sus palabras con las voces no calladas del mar en océano Atlántico. El color azul de falangista en su tiempo, bañó de rojo sangre las voces de mar adentro. Clemente Garzón Baz, falleció en ése día gris, por un azul en rojo equivocado, y llenó de tristeza en la circunstancia con el color negro acompañado en su vida siempre. El azote azul no paraba, actuaba.
Un tiempo de huidas, como la diáspora de otro de sus hermanos, Paco, fallecido en campo de concentración, pero que algunos años antes, su diminuto cuerpo se hacia fuerte en las altas paredes de la cárcel Modelo de Madrid. Fuerte junto a sus compañeros de ideas, aquí lo tenéis, el primero a mano izquierda, portada con cargos en la Segunda República, a su lado Maura, Largo Caballero y el gran educador Giner de los Ríos.

Paco Garzón Baz, estuvo casado con Leonor Ruiperez, autora de un libro de memorias espeluznante (RELATO DE MI VIDA) y que en él, relata algunos momentos de la vida de D. Lucio Garzón y Clemente Garzón. Confieso que no lo he leído, ni tan siquiera lo tuve entre las manos, pero apuesto, que en un tiempo corto, sus letras ocuparán mi biblioteca callada.
Ya leéis que salto de D. Lucio a detalles y de detalles a D. Lucio.
D. Lucio Garzón, extendió su mano a todo aquel que se lo pidiera en Madrigal, en Peñaranda o en Pernambuco. Su color mal llamado “rojillo” (si no estás conmigo, estás contra mí = rojillo), su manera de pensar y su amor a las personas, no le hizo dudar, ni en aquellos años finales de los 30, a ayudar a familias perseguidas como a Jesús el Molinero, Luis Portillo, o al recordado maestro Félix. En un espacio de tiempo breve y hablando con paisanos recientemente, todos a una me hablaron de D. Félix
Fernández, como otro hombre bueno, callado, educado y educador. Seguro que también bebió en las fuentes de ése gran educador Giner de los Rios. Hoy día se enseña, se estudia matemáticas, geografía etc, pero no se educa. D. Félix el maestro, educaba. Por cierto, hace pocos meses, conocí a su hija sin conocerla. Encantadora mujer.
A finales de los 40 y primero años 50, se trasladó a Bilbao. Siempre como inspector de Trabajo. Siempre obtuvo un sí de los empresarios, a sus gentes. Creo que los primeros emigrantes madrigaleños, fueron a parar a Bilbao. Empresas como Altos Hornos de Vizcaya, Etxebarría o la mismísima aceros Olarra, tuvieron en sus nóminas mujeres y hombres madrigaleños, horcajeños y, de escribirse así, “peñarandinos” de Peñaranda de Bracamonte.
Circunstancias de la vida, le llevaron a dejar Bilbao. D. Lucio tenía dos amores: la familia y el trabajo. No falta decir, pero sí escribir, que la mujer siempre estuvo en segundo plano o en tercero en cuanto a igualdad con el hombre de su tiempo. D. Lucio quiso que sus hijos eligieran carrera libremente y, por supuesto, a sus hijas no las iba a dejar con la pata quebrada y haciendo ganchillo a la espera del galán de turno. Bilbao no tenía Universidad que acogiera los estudios elegidos por sus hijas, así que como siempre, no pensó en él, sino que pensó, como siempre también, en los demás. Los demás eran como dije más arriba, sus dos amores: la familia y el trabajo.
Dos amores y un sólo destino, Barcelona. El trabajo siguió llenándole de orgullo, en el terreno personal y colectivo.
En Barcelona tuvo a su familia unida y así sus hijas, eligieron facultad a sus inquietudes predilectas.
En aquel año ya lejano en el tiempo, 1.956, una de las primeras “avanzadillas” madrigaleñas en Barcelona, avanzadillas o cuadrillas, porque no me digáis que no era una buena cuadrilla la formada por Jacinto Negrete, Pepe del Bosque, Germán Porraza y Meneses. El Sr. Meneses, que si bien no era madrigaleño, sí vivió y ejerció de guardia civil en Madrigal.
D. Lucio les “colocó” en las obras del metropolitano de Barcelona, concretamente en la calle Aragón, que para entonces estaba al descubierto y se estaba alargando la línea y algunos años más tarde el recubrimiento de la calle citada. Estos trabajos en el metro fueron temporales, mientras D. Lucio se preocupó de “colocarlos” en nidos más calientes. Así a unos en la Hispano Olivetti, como a Jacinto y a Pepe y, más tarde a su sobrino Juanito. A otros como a Germán en la Ford y creo que a Meneses le “colocó” de portero o vigilante en una empresa de hilados en la calle Cartellá.
El mismo D. Lucio se preocupó de que los madrigaleños llegados con una mano delante y otra detrás, tuvieran facilidad en la adquisición de viviendas. Esta preocupación le llevó a contactar con Sanahuja, que a mediados de los 50 emprendió la construcción de un grupo de viviendas en una zona algo elevada, de ahí el
Turó (montañita) y como nombre propio Peira, por tratarse de unos terrenos de la masía de Can Peyra (con Y) que se extendían hasta Horta.
Sanahuja, también dio prioridad a la palabra de D. Lucio y pronto los madrigaleños tuvieron su hogar en el Turó de la Peira. Mientras unos paisanos ya disfrutaban de su hogar, otros, y para no pagar patrona que representaba un gasto extra, se apiñaban en una misma casa hasta la espera del acabado de otra vivienda.
Primero los cabeza de familia y luego las esposas e hijos, al poco iban llegando hermanos, primos y parientes o paisanos tantos.
A finales de los 50 sucedió el efecto llamado dominó, esto es, mi padre llamó a su hermano Justino y que gracias al apoyo de D. Lucio, también entró en Hispano Olivetti. Mi tío Pepe hizo otro tanto con Gabriel; Germán llamó a su hermano Antonio y así, lo que hoy se conoce popularmente como el “boca a boca”, se llegó a establecer un “Madrigal” en Barcelona.
Otros paisanos llegaron sin hermanos en la ciudad, como Vicente Velayos que con ganas de trabajar no esperó ni un día más a su llegada a Barcelona y fue colocado en la empresa AFA, dedicada a la fabricación de motores para lavadoras.
Es curioso como algún madrigaleño que hizo la mili en Barcelona, como mi tío Rufino y el mismo Segundo, acabada la mili, no llegaron a establecerse (bueno, Segundo más tarde volvió) pero sí, se establecieron personas que Barcelona les sonaba y les quedaba tan lejos como Argentina.
Después de, digamos, la primera avanzadilla, llegaron los Hojalateros (bien, los Hojalateros se adelantaron a la primera avanzadilla), Tasia, Bruno, Juanito y su mujer Ambrosia, Vicente Velayos, Encarna, Maruja, Antonio, Perfecta...., Antonio y Perfecta (cariñosa pareja) volvieron a Madrigal y se establecieron en el comercio de Félix, allá por Santa
María. Nunca dejó de ir llegando gente, seguro que me olvido de alguno y como que escribo de memoria, sabréis perdonarme. Así que a finales de los sesenta llegaron Manuela y Fael y su flotilla de hijos, claro. No quisiera olvidarme de Clemente ni de Adrián. Pocos años antes llegaron Cotito (fallecido en trágico accidente de coche) y Pili y como no, las alborotadoras, risueñas y alegres Zapateras.....
Quiero decir que todas las personas citadas y muchas más, siempre contaron con la ayuda de D. Lucio en el trabajo y en lo que no era trabajo. Está el ejemplo del paisano Caquín, hijo del Vivo y de Paula “La Chata” que estando de patrona y con el agua al cuello y problemas en su centro de trabajo D. Lucio se hizo presente ante la dificultad del paisano y pagó las deudas pendientes y adelantos, con lo que Caquín, que era más bruto que un arado, se salvó de conocer días en la sombra. Luego, pasado cierto tiempo el paisano, más restablecido económicamente, quiso devolverle a D. Lucio la gran ayuda prestada, pero como estáis pensando y así fue, D. Lucio no le aceptó la devolución. Sí, la familia y el trabajo; Madrigal y sus madrigaleños fue su segunda familia.
En sus visitas a casa de mis padres, allá por 1967/68 yo ya tenía en mi cuarto de dormir (mi cuarto servía de sala de estar en el día y de habitación en las noches) tres
pósters de Federico García Lorca, Antonio Machado y Pío Baroja. Hasta el verano del 69 no me dijo nada al respecto sobre ésos
pósters, pero mi madre a solas, ya me comentaba que a D. Lucio se le encendía los ojillos cuando entraba en casa y veía “sus”
pósters. Entre D. Lucio, Dª Luz y mi madre se hacían comentarios de “mis cosas” en ausencia mía.
¿Qué porque me acuerdo que fue en el verano del 69? Mirad, parece como si los estuvieran viendo en esta pantalla. Fue en Septiembre del 69, las Fiestas. Yo hacia un año que trabajaba y paseaba o andaba solo, como casi siempre, por la calle del Tostado y ahí estaban; a veces cinco, a veces seis pero nunca menos de cuatro. Siempre su tertulia con la libertad que el día ofrecía y sus voces tranquilas. Sus sillones de mimbre y a veces su mesita de centro como compañía. Dos encantadoras mujeres Dª Luz y su hermana Dª Clotilde . Dos hombres sabios y humanos D. Lucio y D. Gumer el maestro, esposo de Dª Clotilde. Muchas tardes se formaba el quinteto con su inseparable cuñado Paco, al que ya veía más a menudo en Barcelona, pues nuestros centros de trabajo formaban un ángulo recto en las calles pegadas.
Hola Manolín, anda siéntate..............Sí, en ése mes salió el tema de los Machados, de Lorca, de Baroja, Camus, Durruti, Sartre (todavía se hablaba del Mayo francés) . Dª Clotilde y D. Gumer me miraban sin saber mucho del porque ésa conversación. Dª Luz con una mano en su boca y la sonrisa en sus ojos me miraba y sonreía al notar como “disfrutaba” D. Lucio con nombres y hombres del ayer.
Sin saberlo le dí otro alegrón, pues en ése tiempo estaba leyendo y descubriendo a Ramón J.Sender, lo descubrí con La tesis de Nancy, pero aquel mes y, testigo pongo a la Alameda perdida, leía “El lugar de un hombre” . Yo desconocía que D. Lucio fuera un fan de Sender, así que la risa de sus ojos se extendió al cuarteto con el quinto invitado.
Si en los años 60, las visitas a una u otra casa eran espaciadas pero con minutos en horas, los primeros años 70, trajeron, supongo que por la edad, un distanciamiento que no el olvido. Los encuentros eran ocasionales, como puede ser una boda, o, desgraciadamente algún velatorio. Pero siempre siempre, unas palabras recordando hombres y nombres del ayer y del hoy de ésos años 70. En una ocasión le dije que estaba leyendo a Francisco Candel y, otra bonita sorpresa para mí, igualmente conocía sus libros y hasta su “vida”. Candel es un escritor social, pero también un señalado “rojo” sin carnet. D. Lucio me decía si sabía en que circulo se “movía”, yo le dije que sí. Lo que no sabía D. Lucio y nunca se lo dije, es en que círculos me movía yo. Me refiero políticamente. Francisco Candel simpatizaba con gente del PSUC (Partido Socialista Unificado de Cataluña) y yo simpatizaba con gente a la izquierda de ése partido. Pero bueno, ya me pierdo de nuevo en memoria recordada, punto y aparte.
Siempre cerca de su pueblo con sus madrigaleños. Dª Luz y D. Lucio, siempre acogían para el servicio a madrigaleñas, que únicamente abandonaban la casa cuando les llegaba la hora del casorio.

Preocupado por las familias, preocupado por el trabajo, preocupado para que sus “madrigaleños” estuvieran aposentados. No menos preocupación le llevó siempre a tener un servicio de confianza, o criadas como se las conocía a las chicas que salían de Madrigal y marchaban a servir. Dª Luz y D. Lucio se sentían arropados por el servicio y, de alguna manera, con ése “abrigo” de las chicas de servir, vivían Madrigal en La Coruña, Bilbao o Barcelona.
Más que chicas de servicio, eran sus “otras” hijas y éstas tenían en el matrimonio inseparable del tanto monta, monta tanto, a los padres ausentes en la distancia, o, a los “padres” a confiar secretos y consejos.
Nati en La Coruña y Barcelona; Crucita en Bilbao; Florencia, hermana de Alvarito hijo de la Chupa; Aurea, hija de Bodigo; Agustina, sobrina de Ambrosia; Angelines, hija de Máxima; Cristina, hija de Cristina y Martin el Pancho.
Sí, todas sus “otras” hijas; y alguna de ellas “madres” de sus hijas e hijos Julio, Mª Luz, Cesareo y Pacita.
La luz en Dª Luz , su queridísima Luz, una mujer con una sensibilidad, delicadeza y con un amor y comprensión en y de las personas, que decir solidaridad es decir poco ante la bondad de ésta entrañable mujer. Siempre que la veía, la oía o la imaginaba, me sorprendía yo mismo comparándola en sus formas y manera de ser a Isabel Garcés o, a la mismísima Montserrat Caballé.
Siempre que me llega una película de Isabel Garcés y siempre que escucho y veo a Montserrat Caballé, me llega el sonido dulce y la luz de Dª Luz.
Su luz, la luz de Dª Luz dejó de iluminar a D. Lucio un 3 de Octubre de 1.991, un año de antojo capicúa, un año que arrastró en los siguientes el caminar de D. Lucio y un año que siguió a otras tristezas sin el eco de su mujer amada.
En ésos años posteriores al capicúa , cuando mi madre se acercaba a su casa en visita de: “qué tal ésos ánimos.....” ya le veía apagado. En una de sus siguientes visitas, le entregué a mi madre un libro, ALBUM DE RADIOGRAFIAS SECRETAS de Ramón J. Sender,con el deseo de que la lectura le animara, pero por los ecos que me llegaban, no había luz en su interior.
En sus últimos años sin luz y sin su Luz, su estancia en Madrigal eran de días en tardes dormidas de pensamientos. Fueron ellos, sus amigos en Madrigal, que le sacaron de su enseñoramiento y las horas de sus tardes se llenaron de distracción. Llegaba a casa y contaba como le fue la partida. Se le oía con ilusión y se le veía ilusionado, comentaba las jergas, nombres y engaños en ésas partidas. Hay que dar gracias a ésos amigos de “la garrafina”.
Gran comunicador que lo fue, gran lector que me consta y gran persona que se desvivió aún para los extraños. Me encantaría que cualquier día surjan ésas “memorias” o “historias” que su nieto, creo que Moncho, recogía en mano a mano entre abuelo y nieto, recogidos en silencios escogidos en ése comedor o salón biblioteca en que las paredes no hablan. Todo empezó como un divertimento, pero al final se recopilaron unas cintas en que quizá el tiempo no haya borrado su voz y sus pensamientos.
A pocos días de la llamada noche más larga del año, fallecía un 28 de Junio de 1.994 un señor bueno, un señor bueno en el más amplio y sentido de la palabra bueno, D. Lucio Garzón Baz un señor de Madrigal de las Altas Torres en Barcelona.