REFERENTE A DON
BENEDICTO MARTÍN MUÑOZ
"Semblanza de un Caballero sin Armadura"
Prof. Dr. Armando Martín Martín y familia.
Buenos Aires - Argentina
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Introducción:
Comenzaré esta historia de vida, opinando
en Qué fácil es ser español, en España.
No resulta lo mismo serlo, lejos de ella.
El abanico de sentimientos, va desde lo entrañable,
al desprecio, más, cuando la ignorancia sustenta esto último.
Cuando la equidad se aleja de nuestros juicios, mayor, es la posibilidad
de la comisión de errores conceptuales.
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De párvulo:
Todo
comenzó, en el regio pueblo de Madrigal de las Altas Torres.
Allí abrió los ojos, el que sería motivo de esta
historia, de mi padre, un 4 de Enero de 1904, hijo primogénito
de Don Venancio y Perpetua, bautizado al cristianismo, en la misma Pila
en la que siglos anteriores lo fuera, la gran Isabel la Católica.
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Sus
padres, lo fueron también, de otros cuatro hermanos, Benedicta,
Carmelo, Valentina y Araceli. En manos de Don Faustino,
aprendió las primeras letras y de la que, nos dejó anécdotas.
Destacaré una que recuerdo ahora. - Tú; a labrar,
con el buey naranjo-, le dijo a un alumno, que no mostraba
muchas luces en sus respuestas.
Su niñez, transcurrió como la de
cualquier niño de pueblo, que ya manifestaba cierta hiperactividad,
que luego pude constatar ya como adulto.
La pedrada esquiva, el atisbo a nidos de cuclillos,
bencejos y avutardas, fueron aves de las que aprendimos a
conocerlas sus hijos..., las cigüeñas cumplieron su rol,
en las narraciones que nos hiciera y que, comprobáramos luego
personalmente.
Pero su inquietud lo empujaba hacia la gran ciudad.
Madrid, a la que había concurrido un íntimo amigo y que
completó a llenar su cabeza.
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Adolescencia:
Allí,
se fue a los doce años, con algún dinerillo colgado en
una bolsita, de su cuello; seguridades de madre protectora.
En Madrid, lo esperaba su amigo, José Zamorano,
que lo empleó en un almacén de Ultramarinos,
como chico de los mandados, entregaba mercaderías
a los clientes. De esa manera, conoció la ciudad, a la que hizo
suya y le brindó su amor, como ya veremos más adelante.
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Almacén de Ultramarinos - Madrid
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Mocedades:
Las circunstancias,
hicieron que regresara, ya mayor, a su terruño, y se empleara
en Peñaranda de Bracamonte, donde conoció a mi madre;
sufrió un amor de locura.
Nos
hablaba de
Los Amantes de Teruel y de otros romances, con finales
variados y su locura que lo llevó a confundir
un letrero de Abonos Químicos por el de
Monos y Micos, ante la posibilidad de ver la salida,
a un paseo, con la novia que luego fuera mi madre.
Llegado el momento
de presentarse a la mili, cumplió con España,
en Ceuta y Tetuán, cuando la guerra de Marruecos, contra Ab del
Crim.
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En dos años y ocho meses, se desempeñó
en el Regimiento de Serrallos, con muchas anécdotas,
como las siguientes: en ocasión de hallarse a cubierto, presenció
la discusión entre un teniente médico y un capitán.
El teniente ofuscado le dijo, al capitán, -no se olvide
que yo soy un teniente médico y usted, solo un capitán
patata.
Las condiciones en que tenía que estar,
no eran todo lo salubres y cómodas deseables; de tal manera,
que mi madre contaba, que le enviaba en cartas diarias (quemaron luego
quince kilos, de ellas) unas pulgas, que llegaban aún vivas a
la Península.
Hizo amistad con familias árabes, que
admiraba en su trato y conducta. Posteriormente, en una visita (años
después) por su fisonomía, reconoció a aquellos
niños, ya adultos, de esas familias.
Luego de cristalizarse el romance de mis padres,
en el consabido matrimonio oficial, se trasladaron a Madrid, donde fui
engendrado.
Tras una gestación esperada y normal,
mi madre volvió a la casa de sus mayores, en Peñaranda
de Bracamonte, para su parto y mi consecuente nacimiento.
El post parto fue tormentoso, debido a una eclampsia,
que durante cuarenta días la mantuvo al borde de la muerte, lo
que gracias a Dios, no sucedió, sin dejar secuelas y fue mejorando
paulatinamente, hasta su curación definitiva.
Es así, como tuve la fortuna y considero
el privilegio de haber nacido en ese pueblo y en nuestra España.
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Emigración y Desarraigo:
Los avatares políticos de la preguerra
civil y algunas circunstancias económicas, impulsaron a nuestra
familia, hacia la Argentina, donde mi abuelo tenía un hermano,
emigrado por la cruenta guerra de Marruecos.
Este país pintaba como prometedor en trabajo,
aunque no sin sacrificio. Pero esto lo era y es aún peor, en
todo el mundo. -Recordar la depresión de la década del
30-.
Ya aquí, mi abuelo materno (amerita otra
historia aparte), hábil en la instalación de máquinas;
organizó una fábrica de calzado, luego de haber, a pedido
de unas personas amigas habiendo hecho otra similar, en la ciudad de
Montevideo, -Uruguay-.
En esa fábrica, trabajaba toda la familia
-mis tías y mi padre- este último, en las oficinas, pues
era muy diestro para las cuentas y la máquina de escribir -había
estudiado para ello-.
La vida de relación aquí, como
en todo el mundo conduce a que los emigrantes, busquen el hallazgo de
paisanos, para integrarse, ilustrarse, defenderse -siempre encontramos
xenófobos, algunos con gustos selectos-, etc.
En Argentina, la colectividad española,
sigue a la italiana en número.
Lamentablemente y solo por excepciones, debido
a sus orígenes e incultura, por lo humildes de su condición,
generaron una impresión desfavorable, entre los naturales de
aquí. No podíamos ser indiferentes.
Mi padre se agrupó, con españoles
primero, los que luego, se seleccionaron por regiones, Ávila
para nuestro caso, Salamanca, en otros, como el de Madrid que organizó
personalmente, en nuestra casa.
Ya había otros como los gallegos, asturianos,
etc.
Mi padre, se integró a los abulenses y
cuando mayor fue su alegría, en el encuentro con sus paisanos
madrigaleños.
Este Centro de Ávila, fue
presidido por él y se realizaban, festivales, bailes, se celebraba
mucho el día del Cristo. El doce de Octubre,
día de la Raza y concurriendo, a veces solamente nuestra familia,
ante el Monumento de Isabel la Católica.
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Aquellos festejos servían, para recaudar fondos para el
mantenimiento de la sede y alguna contribución, para algún
paisano en condiciones precarias.
Un momento trascendente, fue el que contó
con el envío de una Comitiva, con motivo del V Centenario del
Nacimiento de nuestra Isabel I.
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Ese Centro, integraba también con las otras,
la Federación de Entidades Españolas, en la que se agrupaban
todas ellas.
En la época que gobernaba Juan Perón,
se hallaba programado un gran desfile de Entidades Españolas
(como a veces sucedía) en un paseo llamado Avenida de Mayo, calle
que por la gran cantidad de negocios de españoles, la señalaban,
por esas características Avenida de los españoles.
Razones de índole de políticas internas (celos por los
logros de repercusión entre las festividades españolas,
frente a las partidistas) las suspendieron convocando para su justificación
elegante, a que el Presidente, invitara a una reunión,
con los entonces Presidentes de las Entidades Hispano representativas.
(de ello adjuntamos testimonios) excusándose por la interpretación
equívoca de aquella suspensión. Cosa aceptada, pero no
comprendida tal cual.
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A pesar del desaire manifiesto y gallardamente
soportado, sin que zalameros acercamientos, pudieran alisar esos sucesos,
las Entidades Españolas, continuaron con sus actividades, como
muchas de ellas, lo continúan aún.
No solamente ello, sino que algún tiempo
después, mi padre organizó y presidió al que se denominó Centro Madrid, (otro de sus amores), con gatos
más jóvenes, que le dieron un impulso, con un comienzo
ruidoso.
Dicho Centro, se mantuvo, mientras mi padre lo
empujaba, hasta que por emigración, matrimonio y falta de entusiasmo,
fue decayendo, hasta desaparecer.
Así ocurrió con el más antiguo
y laborioso Centro de Ávila, donde sus socios, personas
mayores, fueron falleciendo o bien absorbidas por sus necesidades laborales,
debieron alejarse, teniendo no poca culpa, nosotros, sus descendientes;
que no supimos continuar con la obra iniciada por nuestros mayores,
alejándonos los unos y los otros y encontrándonos esporádicamente,
ya de mayores.
En cuanto a mi padre, continuó entrevistándose
con sus antiguos amigos, pero ya no de manera orgánica.
Las amistades a veces ocasionales y otras no,
lo llevaron a una relación de además de autoridades de
otras colectividades más numerosas, a la representación
diplomática de España en este País.
Así frecuentó al entonces Embajador
de España, Don Manuel Aznar, abuelo del actual Presidente, José
Maria Aznar..
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En tal ocasión, consiguió de esta
persona, la posibilidad de ingresar a su hermano Carmelo Martín
Muñoz, en dicha Embajada, para hacerse cargo del parque móvil
de la misma, ya que él tema, le era familiar, por haber sido
conductor en España, del Ministro del Interior. Por lo que se
transformó, en chofer personal del Embajador y de las personalidades
concurrentes al país.
Dos de sus hijos continuaron empleados en la Embajada
y aún permanecen en ella, con los que mantenemos una estrecha
relación.
Este tío carnal, falleció de manera
similar a mi padre; de decir de un infarto cardíaco masivo.
Entre tanto yo continuaba creciendo, inmerso
en mis estudios y dentro de la ceguera de una vida estudiantil, donde
nuestros mayores tenían, relativo peso en nuestra atención.
Ya recibido de médico, (eso quizás
merezca otra historia que es de aventuras y desventuras); en mis manos
murieron algunos de sus amigos predilectos, entre ellos, ese José
Zamorano (también madrigaleño), que lo esperara de
niño en Madrid.
Las mutilaciones espirituales sufridas por mi
padre, minaron su corazón, el que dejó de latir, bruscamente
una madrugada del 18 de septiembre 1968, en los brazos de mi madre;
tenía solamente, 64 años.
Llevaba a su tierra, tan dentro de sí
mismo, que deseó trascendiera y lo acompañara en su entrada
al cielo de los grandes, -que aportó en un recipiente, con tierra,
agua y el producto de la misma, como granos de trigo-, traídos
desde allí, con la indicación de que lo volcáramos
en el ataúd, donde se hallara su cuerpo, para ser enterrado junto
con él, con un trozo de bandera.
Así cumplimos y acompañamos con nuestra
condolencias. Descanse en su paz.
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TEXTO DEL RECORDATORIO DEL DIARIO FARO DE ESPAÑA
DE ARGENTINA PUBLICADO POR SU FALLECIMIENTO.
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Falleció la semana pasada don Benedicto
Martín Muñoz, figura de hondo arraigo en nuestra colectividad,
a la que se había volcado con esmero y a la que sirvió
con entusiasmo y lealtad.
Había nacido en Madrigal de la Altas Torres, (Ávila) y
llegó a la Argentina, en el año 1931, donde se dedicó
a la industria del calzado y de la goma.
Perteneció a las comisiones directivas
del Centro de Ávila -fue varias veces su presidente- y del Centro
Madrid del que fue fundador. Posteriormente ingresó en el ramo
de administración de propiedades.
Era miembro del Instituto Argentino Hispánico
y de varias entidades a las que aportó su eficiencia y el permanente
recuerdo de su patria.
En 1951, organizó un crucero a España,
denominado Isabel la Católica y a través del cual pudo
visitar, luego de muchos años, su tierra y traer -para contar
en rueda de amigos- el recuerdo de su cuna, su cielo y sus murallas.
Su bondad, su saludo cordial y su constante afán
de perfeccionamiento le habían ganado innumerables amistades
que se hicieron presentes para darle el último adiós,
en el cementerio, donde sus restos recibieron sepultura.
Con él, entraba en la historia de Madrigal
de las Altas Torres; uno de sus Caballeros, -como quizás tantos
otros, ignorados hasta hoy-, que difundieron fuera de España,
la importancia de lo que produjo el regio pueblo.
Prof. Dr. Armando Martín Martín y familia
Buenos Aires - Argentina
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Sirva esta página como nuestro Homenaje todos los
hombres y mujeres, Madrigaleños Universales, que como Benedicto
tuvieron que salir de Madrigal, y a pesar de ello nunca olvidaron a su
pueblo y siempre lo dieron a conocer.
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PERSONALIDADES
QUE POR SU LABOR PROFESIONAL, HUMANA O POLÍTICA HAN SIDO RELEVANTES
EN LA HISTORIA MÁS RECIENTE DE MADRIGAL.
Podéis
enviar documentación de las personas que consideréis deben
estar dentro de este apartado por mail a: webmaster@madrigal-aatt.net |