Semana Santa

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Que dormido y que muerto estás...

Te has dormido en la cruz. Estás dormido.

Se te ha metido el sueño por la frente.

Cada tejido roto de repente

se te hizo un surtidor estremecido.

Por el costado entraba decidido,

rápido y ciego, frío y contundente

el dolor de la lanza, de la muerte

y del terror que solo has padecido.

Qué dormido, que muerto estás, Dios Santo.

Anda el silencio como suspendido

de la tragedia tuya a mi quebranto.

Estoy de desencanto mal herido,

pero al verte tan solo y abatido,

mi dolor ya no me duele tanto...